
La empresa de Pedro Wilson, está a punto de sacar al mercado un láser quirúrgico que revolucionará el mundo de la medicina, el cual ha sido creado por una joven prodigio en ingeniería robótica que resulta que además es su hija, Macarena Wilson. Sin embargo, otros intereses ocultos acechan al proyecto y amenazan con cambiar el futuro de Maca para siempre, si finalmente su trabajo sale a la luz en toda su magnitud. Con la amenaza de perder a su hija, Pedro aceptará la contratación de Esther García, una mujer misteriosa que tomará las riendas de la empresa en pro de un único fin, proteger a la joven. Algo que no le será fácil, dado el espíritu rebelde, guerrero y liberar de Maca, que ajena a lo que sucede a su alrededor, verá a Esther como su única amenaza.
100
La gente fue llegando y
sentándose en las sillas blancas de madera que habían acomodado y adornado el
jardín para la ceremonia. Maca se quedó junto a la puerta acristalada mientras
veía como la hermana de Bea saludaba alegre a los invitados y les orientaba
sobre dónde podían sentarse. El jardín de la casa que a partir de ahora sería
de Kate y Bea, había quedado precioso con aquel altar blanco, floralmente
adornado en pleno centro. La gente que se conocía hablaba alegre mientras
esperaba que la ceremonia empezara, y la familia de Bea parecía encantada a
pesar de que veía algún que otro correteo de nervios por detalles seguramente de
última hora. ¡Quien lo diría! Ya había pasado un mes. Un mes desde que se
sentía despierta y más viva que nunca, y todo gracias a que Esther seguía a su
lado.
-
Pareces en Babia –atrajo su atención Eva situándose al lado de Maca-.
-
Lo estoy –confesó Maca con una inmensa sonrisa-.
-
Ya lo veo, ya… si sigues sonriendo así pronto tendrás que ir al fisioterapeuta
a que te recoloque la mandíbula. Poner a funcionar tanto músculo para mantener
esa sonrisa permanente en tu cara, no puede ser bueno –se burló de ella Eva-.
-
¡Envidiosa! –le picó Maca-.
-
Jajaja… -se rió Eva como respuesta, pues a pesar de que lo que Maca le
había contado respecto a su relación con Esther seguía preocupándola un poco,
no podía negar que verlas juntas era contagioso, felizmente contagioso-. ¿Dónde
está Esther?
-
Con Kate… se supone que es la madrina, pero la vi tan tensa esta mañana
y tan firme, que sinceramente le pega más la versión de padrino…jajaja.. –le
dijo Maca, y Eva se rió con ella-.
-
Sabes una cosa, me dan bastante envidia -le confesó Eva al cabo de un
instante de silencio-. Nunca creí que diría esto, pero creo que me molaría
pasar con Laura por la vicaría. Ya sabes, todo eso de hacer la promesa de
“juntas para siempre” delante de tus seres queridos, con flores y banquete… y
todo el bombo y platillo, estaría bien por una vez.
-
Valeee… ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi mejor amiga? –le dijo Maca
con una ceja alzada-.
-
Sí, tú ríete… Bah, cómo si a ti no se te estuviera pasando por la cabeza
–arremetió Eva contra ella pícaramente-.
Y Maca simplemente sonrió, pues
a pesar de que Esther y ella llevaban poco tiempo de nuevo juntas, tenía que
reconocer que no le importaría firmar un “para toda la vida”, y menos
escucharlo de los labios de Esther, eso sin duda le bastaría.
-
Anda, vamos a sentarnos o Laura no tardará en ceder nuestros asientos a
esa rubia que le lleva insistiendo –le dijo Eva y juntas fueron a sentarse-.
…
La ceremonia fue preciosa, al
igual que la llegada de la noche y el mágico encendido de los farolillos sobre
las mesas del convite, mientras el aire se llenaba de olor a “dama de noche”
entre murmullos de gente que reía, hablaba y compartía la felicidad que las
novias trasmitían desde su mesa principal. Laura, Eva, Maca y Esther vitorearon
junto a los demás invitados para que las novias se besaran, aplaudieron cuando
cortaron la tarta, y se abrazaron en pareja cuando Kate y Bea saltaron a la
pista para bailar su canción.
-
¿En qué piensas? –le susurró Esther a Maca mientras a su espalda la abrazaba
por la cintura-.
-
En ellas, en lo felices que parecen –le contestó Maca dejándose acunar
por aquellos brazos que día a día se hacían más necesarios en su vida-.
-
Si, parece que lo son, y mucho. Pero, ¿y tú? –quiso saber Esther, pues a
pesar de que el último mes que habían vivido juntas había sido increíble, se
esforzaba cada día por no perder de vista tampoco la otra realidad que las
acompañaría en aquella decisión que habían tomado al retomar su relación-.
Maca se giró aún entre sus
brazos, pues no perder de vista sus ojos cuando el atisbo de las dudas parecían
asaltar a Esther sin previo aviso parecía funcionarles hasta el momento.
-
¡Mucho! –le dijo, y la besó hasta que sintió como la tensión en Esther
desaparecía abandonándose a ella-.
-
¡Es demasiado! –susurró Esther con apenas voz cuando los labios de
Maca la abandonaron-.
-
¿El qué? –le preguntó Maca con dulzura-.
-
¡Esto! ¡El nosotras!… ha pasado
un mes y aún me despierto en la noche para verificar que no estoy soñando, que
te tengo a mi lado –le contestó Esther envolviéndola con sus brazos mientras
empezaban a bailar sumándose a las parejas que habían rodeado a Kate y Bea en
la pista-.
-
No me voy a ir a ningún lado –le susurró Maca mientras hundía la nariz
entre su pelo-.
-
Pero yo sí, y no quiero… no quiero –la voz de Esther se apagó en el
cuello de Maca, ésta la apretó con fuerza contra sí, esta vez era ella la que
tendría que resistir-.
A pesar de que llevaban días
hablando de que en la DMIT
volvían a moverse algunos proyectos internacionales y que pronto tendría que
salir de viaje, Esther no terminaba de apaciguarse con las palabras
tranquilizadoras de Maca de que lo sobrellevarían. Hasta el momento sólo había
tenido que ausentarse en tres ocasiones y apenas por un par de días, pero el
tener que salir del país iba a ser otra cosa, y alejarse de ella la
atormentaba. No quería poner a prueba el amor de Maca, no quería que las cosas
tuvieran que ser así.
-
Eh… ¿sabes una cosa? –llamó su atención Maca para alejar al mismo
fantasma que atormentaba a las dos-.
-
¿Qué? –preguntó Esther volviendo a mirarla-.
-
Creo que ya va siendo hora de que vivamos juntas –le soltó de pronto
Maca con una enorme sonrisa-.
Esther se quedó por un segundo
atónita, luego frunció el entrecejo.
-
¡Maca, esto no es un juego! –le dijo a modo de regaño deteniendo el
baile-.
-
¿Quién ha dicho que lo sea? –le contestó Maca con dulzura y cierta
sonrisa picarona, pues empezaba a conocerla-. Estoy harta de tener que
prestarte mi ropa cuando llegas como una loca a mi casa después de trabajar sin
intención de quedarte a dormir, y amaneces a mi lado al día siguiente. Invades
mi cocina haciéndome comidas sorpresa día sí, y día también, hace por lo menos
dos semanas que no saco la moto del garaje porque siempre te empeñas en
llevarme, y las pocas veces que no has podido venir a mi casa, me he arrastrado
yo hasta la tuya porque soy incapaz de quedarme sin beso de buenas noches. ¡Por
supuesto que no es un juego! ¡POR DIOS… soy ESTHER-ADICTA! –puso Maca los ojos
en blanco de forma muy teatral para terminar su alegato, consiguiendo que
Esther no pudiera disimular una sonrisa-. ¡Ven a vivir conmigo! –volvió a
pedirle Maca atrayéndola de nuevo hasta su cuerpo-.
-
Me da miedo, es demasiado pronto –le contestó Esther pero para Maca
saltaba a la vista que le fallaban las defensas-.
-
Quizá esta relación en pareja no lleve mucho tiempo, pero no creo que se
pueda pasar por tanto en tan poco tiempo y que se consiga llegar a lo que sin
duda tú y yo tenemos en este momento. Casi estamos viviendo juntas, hagámoslo
definitivo -Maca le acarició la cara, la amaba tanto y Esther se había
transformado en tan poco tiempo en un ser tan vulnerable ante sus ojos, que ahora
era ella la que deseaba permanentemente velarla, protegerla de todo
sufrimiento, de todo mal-. ¡Comandante, va siendo hora de que asuma que la
quiero y la necesito plenamente en mi vida!
-
¡Eso es lo que me asusta! –suspiró Esther mientras sus ojos se cerraban,
porque hacía mucho que no le quedaban fuerzas, no con ella-.
-
¡Pero a mí no! –le contestó Maca y volvió a arrollarla con un beso que
se eternizó hasta transportarlas de nuevo a casa una vez terminado el festejo,
envolviéndolas en una noche más de lujuria, tiernas caricias y un nuevo
proyecto de convivencia-.
101
El tiempo fue pasando. La
mudanza a casa de Maca estuvo llena de días de ilusión, encuentros apasionados
provocados por aquella nueva etapa que se abría ante ellas, y de semanas de
pleno júbilo cuando al llegar a casa una de las dos esperaba a la otra. A pesar
de que los viajes de Esther se hicieron cada vez más frecuentes, no menguó para
ellas ni la desesperación por separarse ni tampoco la intensidad con que
volvían a encontrarse cuando Esther regresaba. Como se predijo, a Maca se le
hizo entrega del premio Nobel de aquel año, y nuevos proyectos fueron cayendo
sobre su mesa a la espera de que ella se decidiera a colaborar en alguno.
Esther sin embargo trataba de centrar todo su esfuerzo en conseguir que la
reforma se impusiera lo antes posible, aunque era consciente de que les
llevaría años. Paso que avanzaba, trampa que se le alzaba, pero aún así la
esperanza de poder un día dirigir todo desde Madrid le hacía trabajar con
ahínco pues los meses instauraban lentamente en ella aquel sentimiento de hogar
que Maca y Esther estaban forjando contra todo pronóstico.
Sin darse a penas cuenta pasó
otro año. Eva y Laura hablaron de boda, mientras Bea y Kate se sumergieron en
un nuevo proyecto, pues finalmente Kate había terminado convenciendo a Bea para
dirigir su propio negocio. Las ausencias de Esther se prolongaron a meses. Eva
observaba a Maca a corta distancia, y se daba cuenta de que aunque aparentara
que lo llevaba bien, la realidad era que aceptaba cada vez más investigaciones
de las que podía abarcar en cuanto Esther partía de la ciudad por tiempo
indefinido, era obvio que le resultaba insoportable no poder contar con ella,
no poder estar ni saber apenas de ella pese a que Esther se saltaba el
protocolo en cuanto podía y la llamaba para tranquilizarla. Las cuatro amigas
siempre trataban de ocupar por turnos el tiempo libre de Maca para evitar que echara
de menos a Esther, pero de lo que no se daban cuenta es de que Maca aún echaba
más de menos a Esther en cuanto las veía a las cuatro juntas. Echaba de menos
la complicidad que tenían, el compartir sus comidas que terminaban a altas
horas ya de la noche, y sobretodo echaba de menos llegar a casa y no
acurrucarse a su lado. Las noches sin duda eran lo peor.
La alarma definitiva saltó seis
meses más tarde. Kate y Bea invitaron a todas a una cena tras la inauguración
de su nuevo negocio. Durante la cena, todo pareció ser como antes, reían,
bebían, comían y conversaban de todo y de nada sin importar a que conclusiones
se llegaran pues estaban en familia. Eva anunció en el postre que Laura y ella
ya tenían fecha para la boda, todas las felicitaron aunque aún tendrían que
esperar ocho meses hasta el enlace. Maca por supuesto ya lo sabía, Eva la había
llamado el día en que Laura le había entregado el anillo y en menos de una hora
se habían encontrado para contarse los detalles de la petición formal, llorando
y riendo por la emoción del momento; y por supuesto Eva también la había
llamando aquella misma mañana para contarle que por fin le habían confirmado
que el salón del festejo iba a estar libre para una de las fechas que el
juzgado les había dado y que se habían decidido por el 8 de mayo. Sentada a la
mesa, Maca pensó en lo contenta que se había sentido por Eva, pero también en
aquel frío que la había atrapado cuando estaba a apenas cuatro horas de recoger
a Esther en el aeropuerto. Sin embargo lo desechó de su cabeza incorporándose
de nuevo a la conversación de la mesa.
-
¿Entonces ya lo habéis reservado? –les preguntó Bea refiriéndose al
salón-.
-
Sí, esta misma tarde. Hemos tenido suerte, porque es el único que nos
gustaba a las dos –le contestó Eva-.
-
Kate y yo lo miramos, pero como nos entregaron la casa y el arreglo del
jardín iba a estar a tiempo, preferimos hacerlo así –comentó Bea dándole un
bocado a su postre-.
-
Ya me hubiera gustado a mí poder hacer algo parecido, pero hemos estado
contando a los invitados, y a lo tonto somos unos sesenta. Como para meterlos
en nuestro piso de noventa metros cuadrados… jajaa… -todas se rieron por el
comentario de Eva, Maca sonrió llegando tarde al comentario-.
Esther se había dado cuenta de
que algo le pasaba desde el mismo instante en que se habían besado en el
aeropuerto. No porque Maca se hubiera mostrado fría al encontrarse, sino más
bien por todo lo contrario, la había besado con una ansiedad devastadora a
pesar de estar rodeadas de multitud de gente y normalmente solía esperar a
llegar al coche para hacerlo. Con delicadeza posó su mano sobre el muslo de
Maca para reconfortarla, Maca se sobresaltó sólo un segundo, la miró. Esther le
sonrió y ella hizo lo mismo, no hacían falta palabras, al menos de momento.
Maca empezó a comer de nuevo de su postre, pero fue incapaz de centrarse al
cien por cien en las conversaciones que surgieron en la mesa y en el paseo que
hubo posteriormente hasta que las seis amigas se despidieron.
---
Laura observó como Eva había
permanecido callada en el trayecto en coche hasta casa, pero respetó sus
pensamientos y no quiso decir nada. Cuando entraron en casa se separaron como
siempre, Laura fue a revisar las rejas de la terraza, hizo su parada en la nevera
para preparar un vaso de leche y se cercioró de que los enchufes estuvieran
desconectados. Eva conocía sus manías acerca de la seguridad y se dirigió al
cuarto de baño para desmaquillarse. Laura se le unió frente al espejo en cuanto
hubo terminado, entonces sus ojos se encontraron y Eva por fin sonrió de nuevo,
Laura le devolvió la sonrisa contenta de que volviera a estar con ella.
-
Estoy preocupada –le dijo Eva a modo de excusa por su silencio, a pesar
de saber que Laura no se lo reprocharía nunca-.
-
¿Por qué? –le preguntó plenamente abierta a escucharla como siempre,
mientras se desmaquillaba a su lado-.
Eva se giró y se apoyó contra
el lavamanos.
-
Por Maca –le dijo Eva, Laura detuvo lo que estaba haciendo para mirarla,
pero no dijo nada porque sabía que Eva seguiría hablando-. Hace un par de
semanas llegó un nuevo proyecto al gabinete. Ya sabes que desde que le
concedieron el premio hemos tenido que abrir una nueva planta para
investigación, y que llegan muchas consultas y proyectos a la espera de que ella
acepte echarles un vistazo o colaborar en ellos.
-
¿y? –la animó a seguir Laura, viendo que Eva dudada en si le estaba
dando demasiada importancia a todo
aquello-.
-
Bueno, era un proyecto sobre una ampliación dentro del equipo de
intervención quirúrgica que complementaría el camino de investigación que Maca
abrió con el láser quirúrgico. Desde lo de su madre, Maca siempre ha estado muy
implicada en ese terreno, es algo que la ha obsesionado durante mucho tiempo,
sin embargo lo rechazó sin tan siquiera echarle un vistazo –le contó Eva-.
-
Quizá quiera olvidarse un poco de todo eso. No es bueno aferrarse al
pasado, y ya sabes lo mal que lo pasó con el láser –trató de tranquilizarla
Laura-, quizá quiera cerrar esa puerta y dejárselo a otros. Ella ya ha hecho
mucho al respecto.
-
Lo sé. Pero el hecho de que lo rechazara me desconcertó, así que
investigué un poco… -empezó a decir Eva-.
Laura dejó nuevamente lo que
estaba haciendo y la miró directamente a la cara sorprendida y en alerta.
-
No me mires así, es mi amiga y me preocupa. Sólo quería saber qué estaba
bien, así que busqué en la base de datos los proyectos que habían sido
aceptados en los últimos meses por la empresa, y curiosamente de los 120 que
hemos englobado, Maca a aceptado cuarenta y tres en los últimos tres meses y
todos ellos tienen que ver con desarrollo informático de alta seguridad.
Eva hizo una pausa, en realidad
no sabía como ligar la información que había conseguido sobre las últimas
líneas de investigación de Maca, pero de lo que no tenía ninguna duda es de que
Maca estaba volviendo a un patrón de comportamiento obsesivo respecto a su
trabajo y eso solo podía ir encaminado a una cosa, un objetivo, ¿pero cual?
-
Eva, ¿en qué estás pensando? –Laura hacía mucho que se había rendido a
la evidencia de que entre Eva y Maca existía un lazo más allá de lo visible, si
Eva estaba preocupada, es que tendrían que preocuparse-.
-
Aún no lo sé, pero creo… -Eva se tomó unos segundos, en realidad no
quería pensar en lo que su cabeza le decía-… creo que está invirtiendo esos
proyectos para potenciar a ELISA.
-
¿A ELISA? ¿Y para qué iba a querer potenciar a ELISA? –formuló la pregunta
Laura sin entender, pero fugaz brillo en los ojos de Eva, y posteriormente el
bajar de su mirada sin añadir nada, hizo que a Laura se le pusieran todas las
terminaciones nerviosas en alerta-.
“Otra vez no”, pensó Laura
mientras Eva empezó a salir del baño.
---
-
¿Estás bien? –le preguntó Esther nada más entrar en el coche-.
-
Sí, sólo un poco cansada –le respondió Maca-.
-
¿Mucho trabajo en estos dos meses? –le preguntó Esther aunque sabía que
aquella respuesta no era la verdadera razón de lo que pasaba por la cabeza de Maca-.
A Maca le dio un escalofrío. Sí,
habían pasado dos meses desde que no se veían, apenas seis cortas llamadas de
teléfono y 61 noches frías añorándola, pero… ¿cómo decirle que las separaciones
cada vez se le hacían más insoportables? La destrozaría, la conocía y Esther no
soportaría saber que sus ausencias le hacían sufrir, se sentiría culpable
porque ella era así. Siempre se sentía responsable de todo, aunque aquello
fuera responsabilidad de las dos. No, no iba a angustiarla. No ahora que la
tenía por fin en casa.
Maca se quitó el cinturón de
seguridad y se acercó a ella, le pasó los brazos por el cuello mientras Esther conducía
y apoyó la cabeza en su hombro.
-
Demasiado, pero ya no importa, porque estás aquí –Esther notó como Maca
depositaba un beso y un suspiro en su cuello, la piel se le puso de gallina
mientras trataba de concentrarse en llegar a casa-. Se que hacía tiempo que no
cenábamos todas juntas, pero me moría porque terminara la velada y nos
quedáramos a solas. ¿Soy mala amiga? –siguió hablando Maca-.
-
No, claro que no –le contestó Esther besándola en la cabeza-. También yo
me moría de ganas de estar contigo cariño. ¡Te he echado mucho de menos! Lo
sabes, ¿verdad?
-
Sí – respondió Maca, pero no añadió nada más, simplemente enterró la
cara en el hueco del cuello de Esther hasta que llegaron a casa. Ningún
fantasma enturbiaría los momentos que tenían para estar juntas, se prometió-.
Esther sintió el interminable
cosquilleo de la respiración de Maca sobre su piel mientras duró el trayecto, y
sin embargo a pesar del inmenso deseo que respiraban no fue capaz de alejar del
todo aquella nube de preocupación que se posó en lo alto de ellas. Maca volvió
a darle un beso en el cuello, Esther cerró los ojos apenas un segundo y volvió
a centrarse en la carretera… dentro de tres semanas tenía que volver a
marcharse, ¿cómo decírselo? ¿Habría llegado ya el temido principio del final?
Ni siquiera quería pensar en ello, lo único que sabía es que cuando Maca le
dijera “basta” haría todo lo posible por ponérselo fácil, no volvería a dejar
que sufriera por ella ni dejaría que se sintiera culpable por no aguantar la
presión de aquel tipo de relación en la que ambas se habían embarcado.
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