“DIBUJADA EN MI MENTE" (TOMO 2)
(Fanfic escrito para el foro Maca y Esther –Hospital Central-, por Sageleah)
DESCRIPCIÓN:
Una estudiante de bellas artes con gran talento y una inocencia casi mágica, se adentrará en la edad adulta hipnotizada por una estudiante de medicina mayor que ella y un abismo de vivencias que las separan. Juntas descubrirán los claros-oscuros que la pasión y el amor encierran, en un relato donde el crecimiento personal y la lucha por ser uno mismo, combate con el equilibrio de forjar una unión entre dos mujeres, sus anhelos y sus miedos.
70
Amsterdam
Tras la
biblioteca, Esther y Alex se fueron a casa en bicicleta.
-
Joder, el ejercicio me irá de puta madre para
las piernas y mantener la línea, pero me cago de frío y no me recompensa ¡eh!
–se quejó por enésima vez Esther entrando a toda prisa en el piso para encender
la calefacción central pues Kate aún no había llegado-.
-
jajajaja… la verdad es que a estas horas, hace
demasiado frío. Si consiguieras concentrarte en casa, no tendrías que
trasladarte todas las tardes a la biblio –le señaló Alex-.
Esther arrugó la
nariz. Tenía razón pero era misión imposible.
-
Ojalá pudiera, me ahorraría una pulmonía. Estoy calada
hasta los huesos eh… -Esther empezó a dar botes en mitad del salón mientras se
abrazaba a sí misma para entrar en calor-.
-
jajaja… ¿se puede saber que haces? –le preguntó
Alex divertida, Esther estaba muy loca a veces-.
-
Entrar en calor, de aquí a que empiece a
reconfortarme la calefacción ya habré perdido algún dedo… jajaja… -le contestó
Esther-.
Alex se acercó a
ella entre risas por sus ocurrencias.
-
A ver… para… jajaja… estás loca, anda para…
jajaja… -le hizo desistir de dar más saltos Alex y le cogió las manos-.
-
Lo ves, como cubitos de hie-e-e-lo… -puntualizó
Esther cuando Alex tomó sus manos entre las suyas y empezó a frotarlas-. Agggg…
me castañee-ee-annn los die-e-ente-e-es… y too-odoo.
Y era cierto, a
Esther empezaron a castañearle los dientes, y a Alex aquello ya no le pareció
normal.
-
Pero… pero si estás helada –Alex no se lo pensó
dos veces y la abrazó frotándole los brazos, la espalda. Esther apoyó su cabeza
en el hombro de Alex dejándose hacer, la verdad es que se encontraba destemplada
y tenía frío-. Madre mía Esther, yo creo que estás pillando un resfriado o
algo, no es normal que tengas tanto frío.
-
Llevo un par de días estornudando, pero no pensé
que fuera para tanto –recordó Esther no haberse encontrado muy bien esa mañana,
las friegas y cercanía de Alex al menos habían mitigado el castañeo de sus
dientes-.
Alex notaba como
el peso de Esther poco a poco era más real y relajado contra su propio cuerpo.
Se lamentó de ser tan consciente de su proximidad y su propio deseo.
-
¿Mejor? –le preguntó Alex y su voz le sonó
extraña-.
-
mmm… mejor… -Esther empezaba a sentirse de nuevo
humana-. Estás súper calentita, yo siempre ando con los pies frío.
Alex sintió más
calor todavía tras el comentario, pues sabía muy bien lo que provocaba su temperatura.
Resistió un poco más y luego se separó despacio de ella.
-
Creo que sería mejor que te ducharas y te
cambiaras de ropa Esther, así entrarás en calor mucho más rápido, esta ropa
está calada de la rosada –le aconsejó Alex no siendo capaz de aguantar ni un
minuto más tan estrechamente abrazada a ella-.
-
Tienes razón…. achusssss…. achussss…. –estornudó
de repente Esther como si de una aprobación se tratara-.
Las dos se
miraron a los ojos, y se rieron. Luego Esther salió hacia su cuarto a por ropa
limpia y seca, y se perdió en el baño durante más de media hora.
Madrid.
Tras terminar de
guardar la compra en la despensa y la nevera, Maca habló un rato con Verónica y
le contó lo que había estado hablando con Encarna.
-
Joder, ahora me siento aún peor –le dijo
Verónica-.
-
¿Peor, por qué? –le preguntó Maca-.
-
Pues por cómo me comporté con Esther y por
meterte en este lío quedándome en tu casa. No me puedo creer que su madre se
haya brindado a supervisar mis sesiones de radioterapia, Maca… me siento fatal
por estar causándoos tantas molestias –le confesó Verónica, y Maca sabía que
era cierto pues su amiga siempre se había valido por sí sola. La situación era
totalmente nueva e incómoda para ella-.
-
¿Estás llorando? –le preguntó Maca de pronto
tras ver como se le empezaban a enrasar los ojos-.
-
ohhh… cállate tonta… es que estoy sensible con
toda esta mierda de la operación –le dijo Vero dándole un manotazo para que no
la mirara, odiaba sentirse así-.
-
jajaja… anda ven aquí… -la abrazó Maca y Vero se
permitió llorar sólo un poquito-. Pues si vieras la “pechá” de llorar que me he
metido yo en brazos de mi suegra… jajaja… eso si ha sido vergonzoso,
vergonzoso… -le quitó hierro al asunto Maca, y Vero por fin levantó la cabeza-.
-
¿y eso? ¿has llorado? –A Verónica no le había
contado esa parte-.
-
Ya te digo… como una magdalena –confesó Maca-.
-
¿por qué? ¿te pasa algo? –Verónica se preocupó
aunque Maca parecía relajada-, ¿no será por mi culpa?
-
Noooo… tranquila, simplemente he explotado un
poco –Verónica no parecía más serena así que decidió explicarse un poco mejor-.
Supongo que la presión de los exámenes, el trabajo, la preocupación de tu
operación y el no poder estar con Esther como quisiera, se ha ido acumulando
estos meses y ahora que lo más grave ha pasado –Maca le cogió la mano a
Verónica en ese punto, pues se refería a su salud-, pues ha salido todo para
fuera. Parece ser que ya no soy tan dura como creía –bromeó Maca en aquel
punto-.
-
Ohhh… -Verónica la atrajo hacia sí y la abrazó
con fuerza-. Eres la mujer más dura y fuerte que conozco, mi gran heroína de
cómic, pero hasta ellas tienen que descansar de vez en cuando ¿sabes? – y soltó
a Maca para regañarla-.
-
jaja… sí, supongo que sí. Oye me ha gustado,
“heroína de cómic”, sí… creo que me pega –se hizo la interesante Maca y por
ello recibió un cojinazo de Vero en la cabeza, luego las dos empezaron a
reírse-.
-
Anda, anda… que eres de un creído que ni te
cuento –la empujó fuera del sofá Verónica, pues empezaba a necesitar estirarse,
si no el estómago amenazaría con volver a presentarle batalla-.
-
Ya, como que tú eres muy modesta -se defendió
Maca divertida, pero viendo que Verónica se tumbaba entendió que no debía
hacerle reír más-. ¿Todo bien?
-
Sí, pero se me empezaba a revolver la tripa…
tranquila, todo controlado, más risas en una hora ¿sí? –le contestó Verónica-.
-
Ok! –le contestó Maca y le dio un beso en el
pelo, a lo que Verónica respondió con un guiño y una sonrisa-. Bueno, pues voy
a llamar a mi pitufa, ya debe de haber vuelto a casa del “cole”.
-
jajaja… te he dicho que no me hagas reír… de
verdad que estás de un “ñoño” que no te reconozco… pitufa dice… -le dijo ya de
lejos Verónica, pues Maca había cogido el inalámbrico y se había ido a sentarse
a la cama para llamar a Esther-.
-
Envidiosa… -le espetó Maca a Verónica cuando
todavía sonaba el segundo tono de teléfono-.
-
Como me ponga a dar voces, verás… -le amenazó
Verónica con delatarla, pero en cuando vio que Maca alzaba la mano en señal de
conexión se quedó callada-.
-
¿Esther? –preguntó Maca al no reconocer la voz-.
…
-
Ah, hola Maca… no, soy Alex, es que Esther está
en la ducha y no puede ponerse –le saludó Alex e intentó aparentar normalidad,
aunque su llamada le había dado un guantazo de realidad en toda la cara-.
-
Ei Alex, ¿cómo va todo? Ya me ha contado Esther
lo de las clases… -a Maca le cambió la expresión de la cara totalmente cuando
escuchó la voz de Alex al otro lado de la línea. No es que le cayera mal
Alejandra, es que simplemente se le notaba demasiado que le gustaba Esther, y
ahora que pasaban tanto tiempo juntas, Maca se sentía un tanto inquieta-.
Por supuesto Maca no le había dicho nada a Esther sobre Alex, a fin de
cuentas Alejandra jamás había dado un paso en falso más allá de la amistad que
las unía y Maca sólo tenía su intuición y sus años de bolloradar afinado para
argumentar sus sospechas, aún así eso no significaba que estuviera tranquila,
sobretodo porque ella y Esther no estaban pasando su mejor momento de
comunicación y el rollo de las buenas amigas lo tenía muy visto como para no
olerlo a distancia. Quizá iba siendo hora de poner en preaviso a Esther.
-
Oh, bien… contenta. La parte teórica ha sido lo
que han llevado un poquito peor por el tema del idioma y demás, pero al final
opté por hacer la clase mixta, alternando entre inglés y español, y listo.
Ahora ya la cosa va mejor, porque casi todo es práctica y ahí ya hay menos
problemas de comunicación, por suerte para mí el arte es un lenguaje universal
–le comentó Alex, se había puesto nerviosa tras escuchar a Maca y sabía que
estaba hablando más de la cuenta, pero no podía evitarlo. Se sintió estúpida-.
-
Me alegro, aunque ya me imaginaba que las clases
te irían bien, Esther me estuvo comentando sobre tu obra, la verdad es que la
tienes un poco alucinada al respecto, y si te soy sincera a mí también. Te lo
tenías muy callado, ¿no? –le hizo saber Maca que estaba al tanto de su recién
descubierta identidad-.
-
Bueno, seguro que ha exagerado. Simplemente es
mi profesión y lo que me gusta hacer, nada más –Alex volvía a sentirse
incómoda. Desde que Esther sabía que ella era AxShei, le había pedido a Alex
que le mostrada sus trabajos y ella había cedido dándole pequeñas clases ilustrativas
sobre composición, modelado y transmisión de sensaciones a través de la
escultura cogiendo obras suyas que especialmente le habían gustado para
explicárselas. Alex no era una persona vanidosa, de hecho no le gustaba mirarse
a través de su trabajo, pues era tímida con él y bastante reservada, pero
Esther parecía tan emocionada, realmente tan impresionada ante sus esculturas,
que no había podido renunciar a ese secreto placer que sentía al contar con
toda la atención y tiempo de Esther centrados únicamente en ella-.
-
No deberías ser tan modesta, tienes un gran
talento… parece que Esther y tú tenéis mucho en común después de todo –Maca no
se pudo resistir, y cambió su tono de voz-.
Alex sintió que Maca le advertía sobre sus secretos anhelos hacia Esther.
-
Creo que ella tiene mucho más potencial… yo sólo
quiero ser profesora, en cambio Esther podría llegar a donde quisiera de aquí a
unos años, aunque ella parece que sólo quiere volver a Madrid contigo –Alex
tampoco pudo resistirse, y le devolvió un dardo que tenía guardado desde hacía
mucho tiempo. Pues aunque no odiara a Maca, no podía entender como alguien como
Esther podía estar con una mujer a la que ella había visto cepillarse a casi
todo su círculo de amistades en los últimos años, sin tan siquiera recordar
después sus nombres. Sí, Maca era espectacular, pero a Alex no le impresionaba
ni su autosuficiencia ni esas dotes de ligona de bar que le achacaban. La había
admirado como la que más cuando había posado para ella, y tenía que reconocer
que hasta había caído en las redes de su atracción, pero jamás entendería como
alguien tan excepcional como Esther se conformaba eligiendo a alguien así como
pareja seria. Maca y Esther venían de dos mundos muy diferentes, de dos
visiones completamente opuestas a su modo de ver-.
Maca iba a preguntarle qué quería decir con aquello, pero en ese momento
la voz de Esther sonó preguntando quién era, y Alex le dijo que era Maca
despidiéndose para que Esther se pusiera al auricular.
Continuará...
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